Nene, cuidao con el eclipse. ¡Nene!
Mañana eclipse. Usted lo sabía, yo lo sabía, y los informativos nos lo recuerdan en cada edición.
Ya saben que no pueden mirar directamente, ni con gafas de sol, ni con gafas ahumadas, ni con carretes de fotos, ni viendo el reflejo en el agua, ni con telescopios, ¡ni mucho menos con lupas, señora-por-dios!.
Solo podrán verlo con gafas especiales, de cartón barato con plastiquillo negro homologado, que su óptico de confianza tendrá el gusto de ofrecerle a cambio de unos 3 euros (estafa, estafa, estafa, a ellos les cuesta 0'15). Si tienen un primo soldador, tambien pueden pedirles esos gafones to-guapos dignos de Matrix.
Aun así, aun no teniendo gafas especiales, seguro que no pueden evitar el echar un reojillo a ver que se cuece por ahi arriba, ¿verdad? Es normal, somos humanos y curiosos por naturaleza. Aunque lo curioso no quita lo idiota, que lo sepan.
Pues si nosotros, humanos de calle, somos curiosos, imagínense los niños, que son más humanos todavía, lo recuriosos que pueden llegar a ser.
De pequeño venía un cura y te decía: "¡Si te la tocas, te quedarás ciego!". Y tu ya no te la tocabas. Optabas directamente por reventartela con las dos manos.
Entonces, hoy viene un científico y les dice a los niños: "¡Si miras el eclipse, te quedarás ciego!", ¿cual será el resultado? Si, amigos, en la ONCE se frotan las manos.
Por eso, como progenitores preocupados que son, deberían hacer presión, o coaccionar directamente a los educadores de los niñitos que mañana tienen clase, para que no los dejaran salir al patio bajo ningún concepto. Si quieren ver el eclipse, que lo vean en la repetición que les ofrecerá Matías. ¡Que para los niños esto es muy malo, leches!
Recuerden que el clímax ecliptorial (suena muy sexual, esto) ocurrirá sobre las 11, así que tengan cuidado con los ojitos,(que son dos para toda la vida), y con los hijitos (que les chuparán la sangre toda la vida)

Soy informático, dibujante, músico y cervecero activo.
Con esto, una persona humana ya tendría bastante, pero no, ¡el señorito tenía que ponerse a estudiar magisterio!